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La nueva obra de Conchi León nos recuerda que los huracanes son la posibilidad de volver a empezar, de seguir vivos.

Por Paul Antoine Matos

Mérida, Yucatán, 12 de septiembre de 2019.-Los huracanes viajan a través de la península de Yucatán para inundar con sus aguas y hacer volar con sus vientos las emociones de quienes la habitan. 

La obra India Maya, dirigida y protagonizada por Conchi León, que se presenta en el Centro Cultural Olimpo desde el fin de semana y los días 12, 13 y 14 de septiembre, es un viento huracanado que rememora a los torbellinos que asedian nuestra tierra desde el Océano Atlántico.

Han pasado 17 años desde la última vez en que un huracán tan devastador arribó a la costa y municipios yucatecos. Isidoro, en septiembre de 2002, fue el último que impactó con Yucatán y causó estragos en la población, inundaciones en las comunidades y la muerte de personas, animales y la milpa.

La alerta de huracán suena en la radio y las familias la escuchan: turun tun turun, turun tun turun

Descuelgan la ropa del tendedero, ponen las botellas de licor del padre bajo las goteras y encienden las velas y lámparas. El sonido del viento advierte de la fuerza del huracán y es un aullido que recorre la espina dorsal de los actores y las actrices.

En esa función de estreno fue Addy Teller quien protagonizó la obra. También es asistente de producción ejecutiva. Está en la costa, esperando la llegada del agua que inundará las casas y bloqueará los caminos. El mar se ha alejado y en cualquier momento retumbará sobre la arena y las calles.

Primero se escucha su formación, lejana y casi frente a las costas de África. Conforme pasa el tiempo los pronósticos meteorológicos advierten que se acerca a Yucatán; cada vez hay más posibilidades que ingrese al Golfo de México y toque tierra. 

“La espera del huracán es terrible y cuando se va y tienes el valor de salir es muy fuerte”, dice Conchi León en entrevista con Haz Ruidoantes de la función.

Recuerda los dos huracanes que le tocaron en Yucatán. Gilberto, en 1988, cuando estudiaba la secundaria y 14 años después Isidoro. Una de las escenas más poderosas de la obra la leyó en un periódico. En ella se involucra una casa destruida, una pareja de ancianos mayas con una hija y un gringo que les apoya en la reconstrucción de su hogar.

“Los huracanes son la posibilidad de volver a empezar, de seguir vivos”, dice Conchi León.  Si se sobrevive a ellos, porque hay quienes no lo logran, son la oportunidad para renovar un ciclo, para seguir adelante, continúa.

“La destrucción o algo devastador nos muestra nuestra fortaleza, solidaridad y nos permite volver a empezar”, dice.

Cruzando el mundo, un tifón azota la India. Destruye hogares, pero el Taj Majal, un mausoleo fruto de un amor que se quedó sin su gemelo de mármol negro, se sostiene a pesar de los vientos superiores a los 140 kilómetros por hora.

India Maya surge como un encargo del Festival Cervantino del 2018, el cual tuvo como país invitado a la India. La dramaturga tenía que encontrar una coordenada para vincular a ese país asiático con Yucatán y la encontró en los huracanes, que azotan sus costas por igual. También en los dioses que las culturas maya e hindú creen. 

“Por eso este cruce puede parecer raro o exótico”, dice mientras se maquilla con una brocha, preparándose para la función. 

Las personas le dan significados a los huracanes, que para el teatro son terreno fértil, añade. En Yucatán, por ejemplo, le tocó escuchar que Isidoro eran dos, un macho y una hembra que se pelearon y destruyeron todo; otras personas que fueron evacuadas se preocuparon en lo que pensarían sus perros al darse cuenta que se fueron y los dejaron abandonados. 

En Acapulco, recuerda que la gente vio una culebra de agua que se entreabría desde el mar hacia el cielo o que vieron bajar a la muerte desde una lanchita.

“Cuando hay estas desgracias decimos que la madre tierra se está quejando, nos está avisando y si es un recordatorio para lo depredadores que somos los seres humanos. Tenemos que empezar a ser más amorosos con la tierra, escucharla más”, reconoce.

Las culturas indias y mayas se fusionan en el escenario, sobre un mándala que representa los ciclos, el morir y el renacer, que los huracanes permiten a su paso por la tierra. 


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