•  
  •  
  •  
  •  
  •  

Los síntomas del hambre son más crueles que la tos y la fiebre, por eso muchas personas seguirán saliendo a la calle por unos pesos, porque no saben si les tocará despensa, no entienden de empréstitos ni tasas fijas, y no les importa arriesgarse en una aglomeración para suplicar por un seguro de desempleo.

10

8

5

1

6

2

4

9

7

11

28

30

12

Texto de Herbeth Escalante y fotografías de Lorenzo Hernández

Mérida, Yucatán, 9 de abril de 2020.- El miedo a enfermarse de un virus extraño sólo es superado por el pánico a morir de hambre y eso, no se puede ocultar con cubrebocas. La angustia por la falta de dinero no se logra encerrar entre cuatro paredes ni se derrite a 40 grados.

Quédate en casa. Ese es el mandato de las autoridades en una sociedad en la que son pocos los privilegiados que pueden ir al cajero a cobrar la próxima quincena por las horas trabajadas en home office en pijama.

Para quienes viven al día, el temor a contagiarse se olvida cuando se acaba el gas, cuando saben que mañana sólo alcanzará para huevo y tortilla, cuando se enteran que el agiotista no les perdonará la deuda ni una semana más.

Como si esa inquietud no fuera suficiente, les advierten que se pueden ir a la cárcel tres años por desobedecer la medida sanitaria de aislarse en la pobreza. 

Pero los síntomas del hambre son más crueles que la tos y la fiebre, por eso muchas personas seguirán saliendo a la calle por unos pesos, porque no saben si les tocará despensa, no entienden de empréstitos ni tasas fijas, y no les importa arriesgarse en una aglomeración para suplicar por un seguro de desempleo.

Lamentablemente el miedo también es aliado de la ignorancia. Se prohíbe el paso en puertos y pueblos porque todos son sospechosos de contagio y no importa si se violan derechos humanos. La salud es primero, se justifican, como si los virus no supieran burlar fronteras.

La pandemia saca lo peor de nosotros. Hay quienes imploran a gritos a los gobiernos medidas dictatoriales, que se decrete el Estado de sitio, que empiecen los toques de queda y aplauden a los uniformados que, sin conocer la constitución, prohíben transitar libremente. 

La mayoría celebraría actos de represión, tan sólo por una sospecha infundada de contagio, por un rumor difundido en Facebook, por una noticia falsa de medios de comunicación irresponsables, como si los virus se espantaran por amenazas de tortura. 

Hemos llegado a un momento en el que los cubrebocas no son lo suficientemente efectivos para ocultar el miedo a morir de hambre y tampoco sirven para esconder nuestra peor versión de seres humanos.


  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *