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Con mucha dedicación van limpiando cada una de las osamentas y restos de sus familiares que se adelantaron en el camino y, mientras lo hacen, platican con ellos.

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Texto y fotos de Alejandro Medina

Hecelchakán, Campeche, 2 de noviembre de 2019.- Dicen que cuando te mueres, todo se acaba, que se pierde la conexión con lo que tuviste y percibiste. Pero existe un lugar en donde el final nunca llega.

Pomuch, pueblo maya situado en Campeche tiene un ritual único en el mundo. Antes y durante el Día de Muertos, las y los pobladores llegan al cementerio a lavar a sus familiares fallecidos. Con mucho amor y dedicación van limpiando cada una de las osamentas y restos de los que se adelantaron en el camino, a veces hasta platican con ellos. 

Le cambian el mantel y los colocan de nuevo en sus cajas con la calavera hacia afuera, para que estén listos durante la misa que se celebra cada 2 de noviembre en ese mismo lugar. 

Para los mayas la muerte es un renacimiento y que mejor forma de demostrarlo mediante esa conexión, que se torna en una espiral cíclica. Desde niños hasta adultos la tradición se mantiene y aunque muchas veces este camposanto se llena de turistas, ellos están dispuestos a dar una sonrisa y explicar el por qué de sus actividades funerarias.


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