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Se trata del único y singular personaje que trajo a Yucatán una forma de gobernar que no hemos visto de nuevo.

Por René Ramírez Benítez*. 

Mérida, Yucatán, 4 de enero de 2020.- “¿Quiere que le asista un confesor?, le preguntó un militar que al mismo tiempo le señalaba un capellán.

No soy católico.

¿Necesita algún notario?, interrogó de nuevo el militar.

No tengo nada que dejar”.

De acuerdo con Francisco J. Paoli y Enrique Montalvo, fueron las últimas palabras que pronunció Felipe Carrillo Puerto antes de ser ejecutado el 3 de enero de 1924 por los delahuertistas y miembros de la llamada “Casta Divina”. Ello, como epítome del conflicto político por tomar control del estado entre grupos con capital económico de corte conservador y otros con un tinte liberal, con ánimos de un cambio sustancial en materia de derechos humanos. 

El llamado “Apóstol de la Raza”, fue de los primero en traducir al maya la constitución de 1857 para que el documento jurídico más importante del país, pueda ser entendido por todos. Dejando a un lado la enorme relevancia histórica, existe una pregunta perenne: ¿por qué recordar a Felipe Carrillo en el año 2020? 

Los tiempos actuales exigen regresar una agenda de justicia social con las comunidades mayas de Yucatán. Tal y como lo hizo Carrillo Puerto, desde la esfera política, debemos reflexionar sobre el impacto de los proyectos en asentamientos indígenas; las políticas económicas no inclusivas con los pueblos originarios, y el uso de lo maya como una narrativa electoral y vacía en lugar de una visión de fondo. Felipe Carrillo Puerto continúa vigente porque los problemas de desigualad, discriminación e injusticia también están vigentes. Es imperativo recordar los tiempos donde la visión progresista, científica y liberal, se encontraban dentro de las acciones políticas. 

Sobre el valor desde la perspectiva histórica, el Congreso de Motul y el Segundo Congreso Socialista de Yucatán de Izamal, tuvieron una perspectiva socialista, feminista, marxista y obrera, que generaron y fueron catalizadores dela discusión y análisis de la realidad en nuestra entidad desde enfoques completamente nuevos. Toda esta serie de eventos consolidaron un proyecto y capital político que promovía modificaciones sociales en temas indígenas, obreros, agrarios y económicos como nunca se había visto en el país.

La formulación de políticas públicas innovadoras como la educación, la reforma agrarias reformas al Código Civil y laboral, son importantes para entender los avances que tenemos hoy en día. Por supuesto, Carrillo Puerto cometió errores y no podemos caer en una glorificación vacía, pero es importante entender a este único y singular personaje que trajo a Yucatán una forma de gobernar que no hemos visto de nuevo. 

Sin embargo, mucho se ha hablado sobre Felipe Carrillo Puerto y su ímpetu reformista, progresista, y su colaboración con el general Salvador Alvarado, pero el centro de este texto no es dicha corriente, sino el seno donde nació y creció. No debemos olvidar que al momento de fusilar a Carrillo Puerto, estaban a su lado otras personas a las que llamaba “hermanos”.

Felipe Carrillo Puerto fue un hermano masón, y uno que vivió, defendió y ejerció los principios masónicos más importantes: libertad, igualdad y fraternidad. Sus ideas, herencia y legado de las logias masónicas en México y Yucatán, en especial donde realizó sus trabajos litúrgicos (la logia Nachi Cocom Número 6, con sede en Motul).

Este personaje histórico es ejemplo perfecto de la influencia de la masonería en la vida pública y política en Yucatán, una influencia que consistió en un innovador enfoque jurídico para la época, que eran los derechos humanos en las acciones de la administración pública y de gobierno.

Las logias masónicas fungieron como espacios libres y con cierto predominio de allegados a Felipe Carrillo Puerto, donde se encumbró, cobijó y se difundió ese espíritu racionalista que permeó los espacios políticopartidistas de principios del siglo XX en el sureste. 

Con su muerte, podemos afirmar que se le dio una muerte abrupta a la naciente izquierda yucateca, que se encontraba luchando por consolidarse en el sureste ante la falla de la revolución mexicana en la entidad; corriente político-ideológica que gracias al Partido Socialista del Sureste, que Carrillo Puerto y Salvador Alvarado fundaron y promovieron, fungió como proyecto social alternativo de aquel explotaba a indígenas y pobres, además de relegar a la mujer de la vida pública.

No podemos olvidar las palabras que escribió Carrillo Puerto en el año de 1924 para le Revista Survey, que en estos tiempos para nuestro Estado, lamentablemente, continúan vigentes:

“El indio maya conquistado  pasó a ser un esclavo. Por cuatrocientos años no fue duelo del suelo que cultivaba, de los frutos que cosechaba, de los jardines que plantaba. Fue sometido a la humillación, al abuso físico, a malos tratos y llevó la pesada carga de crear para otros bienestar y comodidades. Cuando el conquistador despojó al indio de sus tierras, automáticamente le quitó su libertad. En un país agrícola, tierra y libertad son sinónimos. Esto explica nuestro lema revolucionario: “Tierra y Libertad”.

*Analista político y columnista en diversos medios de comunicación.

Correo: reneramirezbenitesz@gmail.com


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