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No es una lata de gas, fue una granada para reprimir. No es una lata de esas que patean los gobiernos cuando  no quieren  atender problemas sociales apremiantes.

Por Herbeth Escalante

Mérida, Yucatán, 23 de enero de 2020.- Ante el malestar generalizado por el acto represivo ejercido por la Policía Estatal en contra de la ciudadanía que salió a manifestarse el día del informe del gobernador Mauricio Vila Dosal, uno de los consultores políticos consentidos de las administraciones pasadas, Ulises Carrillo Cabrera, tomó un micrófono para minimizar ese hecho violento, asegurando que en realidad se trató de un “simple y sencillo accidente”.

Con aires de tecnócrata, el “hombre fuerte” en el desgobierno de Ivonne Ortega Pacheco, aprovechó un reconocido espacio noticioso radiofónico para atenuar las acciones violentas del pasado domingo. Aseguró que es una “fantasía” pensar que la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) reprimió la protesta.

Lo dijo como si violar derechos humanos fuera algo de la casualidad, circunstancial, inesperado, cuando en los hechos, es una práctica recurrente y sistemática de la policía yucateca que se ha intensificado en los últimos años. Tan sólo en 2019, la Codhey recibió 194 quejas en contra de esta corporación. 

Al hablar del “accidente”, Ulises Carrillo se refirió al arma que utilizó un policía como una simple “lata de gas”; sí, restándole importancia a ese artefacto que arrojó la SSP, a pesar que el propio comandante Saidén precisó que se trató de una granada.

Sí, fue una granada, no una lata de esas que patean los gobiernos cuando  no quieren  atender problemas sociales apremiantes. Claro, a menos que el señor Carrillo considere que este delicado conflicto también deba patearse como una lata.

Por supuesto, en su perorata de seis minutos, intentó reforzar la versión oficial de que un agente actuó en solitario y que ningún mando le ordenó lanzar la granada de gas lacrimógeno. Lo más simple y sencillo es echarle la culpa a un oficial cuyo trabajo consiste únicamente en… acatar órdenes. 

Como todo aprendiz de la tecnocracia, deslegitimó los derechos humanos de la libertad de expresión y de manifestarse que ejercieron hombres y mujeres, de todas las edades, que marcharon en contra de los impuestos y de las decisiones del gobierno de Vila que les han afectado.

Ulises Carrillo las deslegitimó sosteniendo que éstos deben estar en el orden de la ley y, como ejemplo, dijo que así como nadie puede entrar a gritar en la Sinfónica de Yucatán ni invadir un Tribunal Colegiado, nadie tiene derecho de irrumpir el evento del informe del gobernador.

En Lógica, ese argumento es una falsa equivalencia, porque hizo referencia a escenarios, hechos y contextos totalmente distintos, haciéndolos pasar como si fueran lo mismo. Algo común en la demagogia de quienes participan en política.

Lo hizo para justificar detener, a como diera lugar, el paso de la ciudadanía que demandaba ser escuchada por el mandatario. Usó esa falacia para validar que las autoridades de seguridad tenían que coartar sus exigencias. 

Señaló que el “accidente de la lata de gas” ocurrió porque la marcha fue “estridente”. Lo dijo como si estos movimientos sociales debieran realizarse de manera sumisa, en silencio, o como si fuera obligatorio callar de cualquier forma a quienes alzan la voz. 

Pero no, la sociedad tiene que hacer mucho ruido cuando sienta que sus autoridades las están ignorando o les han cerrado las puertas. Por su puesto que las protestas tienen que ser estridentes, para que los gobernantes puedan escucharlas varias calles detrás de las vallas policiacas.

El exfuncionario también declaró que la sociedad yucateca no debe acostumbrarse a esas estridencias porque sería como acostumbrarse a los secuestros y la inseguridad. Otra falsa equivalencia, mucho más grave que la anterior, muy parecida al discurso xenofóbico que han repetido las y los políticos panistas en los últimos días, con el que culpan a la gente de otros estados de la violencia y las tragedias de Yucatán.

Ya ni hablar de la desgastada arenga sobre “polarización y confrontación” que repitió, como el que pregona la débil derecha opositora sin resultado alguno a nivel nacional, pues esa ya nadie se la cree.  

Para finalizar su intervención en el noticiero, Ulises Carrillo se puso el traje de intelectual y citó el libro “1984” del escritor George Orwell, relatando que se trata de la “historia de cómo una democracia, vía la propaganda, la polizarización y la exageración de las cosas, pueden llevarnos a una sociedad totalitaria”. Creo que no entendió esa novela.

No la entendió porque  precisamente en esa ficción distópica, el autor critica un sistema en donde estaba totalmente prohibido el librepensamiento, en donde la policía del pensamiento vigilaba a todos los ciudadanos de manera asfixiante para impedir que se rebelen, en donde el Gran Hermano era omnipresente en las pantallas instaladas en todos lados para infundir temor a la población, como si fueran cámaras de video-vigilancia de la SSP.

Algunas amigas y amigos que también escucharon a Ulises Carrillo me recomendaron no replicarle a través de este artículo periodístico, porque sería amplificarle un discurso que lastima a mucha gente que se sintió agraviada por los hechos violentos del domingo. Pero decidí hacerlo porque considero que es importante que la ciudadanía sepa que también hay otras voces en la prensa yucateca, que no hay que quedarse únicamente con las opiniones anacrónicamente complacientes de agitadores profesionales que tienen acceso a micrófonos.  

Pero sobre todo porque, como advirtió Orwell en “1984”: quien controla el presente, controla el pasado y, quien controla el pasado, controlará el futuro.

*Comunicólogo social, periodista y colaborador en MVS Noticias, El Heraldo de México y Haz Ruido. 


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