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Hace un año, se anunció una inversión de 18 millones de pesos para trabajos de restauración que no han iniciado. Autoridades dijeron sería un atractivo turístico, pero no hay fecha para su apertura al público.

Por Herbeth Escalante 

Mérida, Yucatán, 8 de febrero de 2019.- Ha pasado más de un año desde que se anunció el rescate de la zona arqueológica de Kulubá, pero los trabajos para restaurar sus estructuras no han arrancado, es más, ni siquiera se ha aprobado el proyecto técnico. Para dicha estrategia supuestamente se invertirían 18 millones de pesos, entre fondos del Gobierno del Estado y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Durante su quinto informe, en enero de 2018, el entonces mandatario Rolando Zapata Bello dio a conocer que se rescataría esa ciudad maya, ubicada a 37 kilómetros al sureste de Tizimín, la cual tuvo una importante relación comercial y política con Chichén Itzá.

Al presumir dicha acción, el priísta recordó que la última zona arqueológica que se restauró en la entidad fue Ek Balam, hace dos décadas. Así, Kulubá se convertiría en el sitio número 18 en abrir al público en Yucatán y uno de los nuevos atractivos para el turismo internacional.

Tres meses después de ello, Zapata Bello se trasladó al lugar junto con el director General del INAH, Diego Prieto Hernández, para firmar al pie del Palacio de los Mascarones un convenio para ejercer 35 millones de pesos en proyectos arqueológicos en Chichén Itzá (Tinúm), Kinich Kak Moo (Izamal), Dzibilchaltún (Mérida), Uxmal (Santa Elena) y esa zona al oriente del territorio.

En ese evento, se recalcó que la mayor parte de las aportaciones, en especifico 18 millones de pesos, estaría encaminada a la próxima apertura al público de Kulubá.

Autoridades recorrieron Kulubá hace un año

La intención, dijeron los funcionarios, era integrar ese sitio a la ruta de Ek Balam y Chichén Itzá, “para el fortalecimiento del turismo cultural en el estado y en la península de Yucatán”.

El dinero serviría para la restauración e investigación de los tres complejos que lo integran, dos de los cuales están cubiertos de vegetación. Además, se crearía un parador turístico, infraestructura de servicios y la carretera de acceso.

En esa ocasión, Zapata Bello declaró que “el rescate y conservación de Kulubá va mucho más allá de las 221 hectáreas que abarca esta área prehispánica. Es un rescate de nuestra identidad y de nuestro pasado, que se convierte en presente y futuro”.

Por su parte, Prieto Hernández informó que el INAH ejerció cerca de siete millones de pesos de un fideicomiso para la adquisición de los terrenos en donde se ubica esa antigua ciudad maya.

También se prometió que contratarían a 150 pobladores de comunidades del oriente de Yucatán para ayudar en los trabajos arqueológicos de rescate.

Según, abriría pronto

Al principio no quedaba claro cuándo abriría sus puertas Kulubá ni cuál sería la estrategia para atraer visitantes a ese punto. Se especulaba que Zapata Bello cortaría el listón antes de terminar su gestión o que, al menos, daría “el banderazo” de arranque de las labores, pero nada de eso ocurrió.

Fue entonces que Saúl Ancona Salazar, quien fungía como secretario de Fomento Turístico, dio a conocer que la apertura al público podría darse en septiembre de 2018, por lo que el Gobierno del Estado aprovecharía el tiempo previo “para promocionarlo y crear expectativa en el turismo nacional e internacional”.

Es más, recalcó que un evento de ese tipo es de gran importancia a nivel mundial, por lo que no podían desaprovechar la oportunidad para impulsarlo. Sin embargo, terminó su administración y nunca se supo si la dependencia a su cargo realizó alguna campaña publicitaria sobre Kulubá.

Ancona Salazar también sostuvo en su momento que los beneficios de abrir el sitio al público se disfrutarían dentro de tres o cinco años, cuando se construyeran nuevo hoteles en Tizimín o existieran más rutas para llegar a El Cuyo, Río Lagartos y San Felipe.

Aún no se aprueba

El delegado del INAH en Yucatán, Eduardo López Calzada, declaró recientemente en entrevista que están en la espera de que el Consejo de Arqueología autorice el proyecto de Kulubá, que presentó el investigador responsable, Alfredo Barrera Rubio.

“En función de eso pasaríamos al inicio de los trabajos… pero primero se tiene que aprobar esa parte técnica, es decir, que todo lo que se proponga intervenir esté motivado y justificado debidamente, es decir, que no sea una ocurrencia”, señaló.

El funcionario federal dio nuevas fechas, dijo que el esquema se aprobaría a finales de febrero o a principios de marzo de este año. Agregó que la primera temporada de trabajos de rescate de esa ciudad maya durarían entre cuatro y seis meses.

López Calzada informó que Kulubá se puede visitar con cierto cuidado actualmente. Explicó que personas de comunidades cercanas acuden al sitio “sin mayor problema, con respeto”, pero aclaró que no se trata de una apertura propiamente.

Recalcó que hay que esperar el desarrollo arqueológico en esa zona para, posteriormente, pensar en abrirlo al público, lo que ocurriría en dos años según sus cálculos.

Por cierto, hace una semana, en su más reciente visita a Yucatán, Prieto Hernández habló muy brevemente sobre Kulubá durante un encuentro con la prensa local. Aseguró que es un proyecto que va a llevar tiempo.

“Ahora estamos en la fase de investigación y exploración, sí por supuesto le vamos a asignar algún recurso dentro de las limitaciones presupuestales, pero también vamos a avanzar en Kulubá, no tengan duda de ello”, sostuvo sin abundar qué sucedió con los 18 millones de pesos que supuestamente se invertirían en ese sitio.

Tampoco el actual Gobierno del Estado, ni el Patronato Cultur ni la Secretaría de Fomento Turístico se han pronunciado sobre si le darán seguimiento o no a dicho proyecto, o acerca de qué sucedió con los recursos estatales que se ejercerían.

Tampoco se sabe si usarán parte del dinero que recauden con las nuevas tarifas en los paradores turísticos de la zonas arqueológica mayas para rescatar Kulubá, las cuales, como se recordará, incrementaron considerablemente este año.

¿Qué es Kulubá? 

De acuerdo con el INAH, Kulubá es uno de los pocos sitios del nororiente de la entidad que aún conserva arquitectura en pie y está clasificado en el Atlas Arqueológico de Yucatán.

Mantuvo contacto cultural con Ek Balam y Chichén Itzá durante los periodos Clásico Tardío (600-1100) y Clásico Terminal (800-1200), respectivamente.

Eso permitió una mezcla de estilos arquitectónicos como Puuc, Chenes, Río Bec y de influencia Itzá, reconocibles hoy en los elementos que decoran las estructuras piramidales y los diversos edificios de uso cívico-religioso que hasta el momento han sido registrados.

Una de sus construcciones principales, el Palacio de los Mascarones, lucía en la época prehispánica remates en forma de serpientes, que corresponden al estilo Puuc Floreciente Tardío (1000-1050).

En su época de esplendor, destacó por ser un enclave estratégico para el abastecimiento de agua y cultivo de cacao, aunque también por su comercio de sal, obsidiana y metales, entre otros productos.

El primer reporte arqueológico de esta zona tuvo lugar en 1941, cuando el investigador Wyllys Andrews IV publicó unas notas y un croquis del sitio, como resultado de un recorrido que hizo a fines de diciembre de 1939.

El arqueólogo Barrera Rubio informó que las primeras intervenciones en Kulubá fueron llevadas a cabo por la brigada de salvamento del Centro Regional del Sureste del INAH, de julio a septiembre de 1980.

Las estructuras más grandes están clasificadas en tres grupos: A, B y C, que se encuentran relativamente cercanas entre sí. Tienen edificios piramidales, palacios, basamentos habitacionales y construcciones menores asociadas. La pirámide más elevada alcanza los 15 metros.


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