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La falta de empatía y la crueldad llevaron a varios medios de comunicación a difundir la fotografía del cuerpo mutilado de Ingrid Escamilla, pero, ¿qué dice ello de nuestra sociedad?, ¿son esos los contenidos que queremos consumir?

No es de extrañar que en los tabloides de nota roja aparezca, junto al cuerpo mutilado de la víctima más reciente de feminicidio, otro cuerpo femenino hipersexualizado, desnudo, ambos listos para ser consumidos y desechados.

Por Redacción

Mérida, Yucatán, 14 de febrero de 2020.- Al verso y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía, la prensa respondió la culpa la tuvo Cupido. Burlón e indolente, un diario publicó ese titular acompañado de la fotografía del cuerpo desollado y mutilado de Ingrid Escamilla, joven de 25 años cuyo feminicidio ha puesto de relieve, una vez más, la saña con la que se asesina a las mujeres en este país, el desprecio del Estado por sus vidas, la misoginia colectiva y el desamparo en el que se encuentran las mexicanas. 

La antropóloga Rita Laura Segato, cuyas ideas inspiraron el performance “Un violador en tu camino” de la colectiva chilena Lastesis, utiliza el término pedagogía de la crueldad para referirse a la forma en la que los medios de comunicación manejan las noticias que consignan los hechos de violencia de género. “El público es enseñado a no tener empatía con la víctima, que es revictimizada con la banalidad y la espectacularización con que se la trata en los medios”, sostiene.

Al hablar de este concepto, la pensadora argentina afirma que en nuestro contexto económico y social los vínculos con otras personas se borran, existe una falta de empatía tal que nos hemos acostumbrado a observar el sufrimiento y la violencia de manera cotidiana, en especial aquella dirigida hacia las mujeres. El ojo público aprende a ser cruel y rapiñador, se lo enseña a despojar, a rapiñar, a usar los cuerpos hasta que queden sólo restos, comentó en una entrevista con la periodista Flavia Delmas. 

Con el cuerpo de Ingrid se ensañó no solamente su feminicida: lo depredaron los policías y peritos que filtraron su imagen, quienes, irónicamente, eran los que debían procurarle justicia; lo violentaron reporteros, jefes de información, editores y dueños de medios de comunicación para lucrar con él; lo violaron los consumidores de nota roja que lo compartieron o utilizaron para crear memes. A Ingrid, después de su asesinato, toda una sociedad la volvió a despojar de su dignidad.

Para Segato, rapiña comparte raíz con la palabra rape (violar, en inglés), es decir, rapiñar los cuerpos violentados de las mujeres víctimas de feminicidio mediante el consumo de medios amarillistas es violarlos una y otra vez. Sin embargo, ello poco tiene que ver con la narrativa de que quien viola lo hace para satisfacer un impulso morboso, es decir, no es algo utilitario; en cambio, se relaciona más con la reafirmación de la dominación masculina por sobre lo femenino, es un crimen de poder con una fuerte carga simbólica, asevera.

La teórica argentina subraya que las violaciones, mutilaciones y feminicidios, como las manifestaciones más extremas de la violencia de género, no son acciones anómalas de sujetos marginales ya que en ellas “irrumpe un contenido y determinados valores que están presentes en toda la sociedad. Cuando eso sucede nos espantamos y transformamos al perpetrador en un chivo expiatorio, pero él en realidad fue el actor, el protagonista de una acción de toda la sociedad”.

En ese sentido, la comunidad entera es responsable de la ola de violencia que victimizó y revictimizó a Ingrid, pero que diariamente cobra la vida de 10.5 mujeres en todo el país. Y no, no son monstruos o pervertidos los que cometen estos actos de increíble crueldad, son novios, esposos, hijos, hermanos, tíos, sacerdotes, maestros, compañeros, policías, son todos los hombres. 

Rita Segato dice que la pedagogía de la crueldad se sirve de los cuerpos de las mujeres para enseñar, tanto a ellas como a los hombres, el papel que les corresponde en la sociedad, o sea, la subordinación y la dominación, respectivamente. Por eso, no es de extrañar que en los tabloides de nota roja aparezca, junto al cuerpo mutilado de la víctima más reciente de feminicidio, otro cuerpo femenino hipersexualizado, desnudo, ambos listos para ser consumidos y desechados.

En un país que cada año rompe su propio récord en la cifra de casos de feminicidio, la indignación que causó la difusión de la fotografía, así como del video en el que al feminicida se le da la oportunidad de justificar su crimen, puede y debe ser una oportunidad para que la ciudadanía se cuestione el tipo de información que consume y lo que ello refleja de sí misma. O, bien, como es muy probable que suceda, apostar a la corta memoria colectiva hasta que un nuevo y atroz caso de violencia de género la vuelva a dejar en estupor.  Ilustración de Giovanna Tomassi (@giovannnatommmasi en Instagram)


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