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Las y los científicos del INAH lo bautizaron preliminarmente como Panadero, el cual ha causado sorpresa porque cuenta en un mismo espacio ceremonial con un juego de pelota y un conjunto arquitectónico de patrón tríadico.

Se ubica a 1.2 kilómetros del Centro de Operaciones Ferroviarias que conecta a la zona industrial de Hunucmá, sitio que está proyectado para las maniobras de carga y descarga de productos que transportará el Tren Maya.

 Por Herbeth Escalante

Umán, Yucatán, 14 de enero de 2020.-Científicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron un asentamiento maya prehispánico en el municipio de Umán, al que bautizaron preliminarmente como Panadero y, que ha causado sorpresa porque cuenta en un mismo espacio ceremonial con un juego de pelota y un conjunto arquitectónico de patrón tríadico. Es decir, tiene una pirámide que establece la orientación de su plaza y está acompañada de dos edificios más pequeños, uno frente al otro.

Esta antigua ciudad maya se encuentra en una zona importante del desarrollo industrial de Yucatán y por ahí podría pasar el trayecto del Tren Maya, para la carga y descarga de productos comerciales.

Se trata de un sitio prehispánico con un centro cívico-ceremonial con arquitectura de poder monumental, que no estaba registrado previamente en el Atlas Arqueológico del estado y por lo tanto no existía información sobre éste ni se habían hecho excavaciones.

El hallazgo ocurrió a finales del 2016 durante los trabajos de construcción del Centro de Operaciones Ferroviarias de Yucatán y, de hecho, las rieles actuales atraviesan la plaza prehispánica.

Durante todo este tiempo, se efectuó una prolongada investigación de salvamento que encabezó la arqueóloga Lourdes Toscano. Esta, señaló la experta, arrojó  información relevante sobre la organización del territorio maya del suroeste de Umán, del cual se sabía muy poco.

Tras analizar los datos recabados, la especialista dijo que Panadero estuvo habitado de forma permanente desde el período Preclásico Tardío (400 antes de Cristo) hasta el Clásico Tardío (600-800 después de Cristo) y, que sus habitantes levantaron distintas zonas residenciales, construyeron un espacio para sus ceremonias y ritos y manejaron los recursos naturales de la zona.   

Otros arqueólogos que participaron en el proyecto de rescate, Gustavo Novelo y Arturo Victoria, hicieron énfasis en que no es común que en la región noroccidental de Yucatán existan ciudades con presencia vinculada de un juego de pelota con una acrópolis  tríadica. 

El sitio prehispánico fue descubierto durante los trabajos del Centro de Operaciones Ferroviarias.

 Y es que descubrieron que los antepasados que vivieron en ese sitio realizaron una distribución espacial muy bien planificada, con una plaza central delimitada al poniente por el juego de pelota y el conjunto arquitectónico, el cual tiene una estructura piramidal de cinco metros de altura, flanqueada a sus costados por dos  estructuras de menores dimensiones, dispuestas una frente a la otra. 

 Además, en el lado oriente de la plaza se erigió un basamento piramidal de aproximadamente ocho metros de altura y un área de 2000 metros cuadrados.

Panadero es apenas el tercer sitio con dichas características en el territorio yucateco, por lo que los investigadores deducen que se inspiró en las grandes urbes mayas del Preclásico que se desarrollaron en el Petén, Guatemala, a cientos de kilómetros de distancia.

 “Esto quizás indica que las poblaciones mayas locales participaban desde tiempos remotos en extensas redes ideológicas mesoamericanas o, por lo menos que se establecieron conexiones estrechas entre diversos asentamientos de la región”, precisaron.

 Alrededor del centro cívico-ceremonial, también se reconocieron espacios habitacionales donde se desarrollaba gran parte de la vida cotidiana y el sostenimiento biocultural, con viviendas, cocinas, patios domésticos y huertos caseros. De igual forma, se registró mobiliario para la molienda como metates, alfarería utilitaria como ollas y cajetes, además de herramientas de piedra caliza o de corte fabricadas con sílex y obsidiana.

Vasija descubierta en Panadero.

Por cierto, durante las excavaciones en esas unidades habitacionales se recolectaron materiales de diferentes épocas de la alfarería maya, incluidas vasijas muy antiguas de los grupos cerámicos Dzudzuquil, Chunhinta y Joventud, considerados de las etapas más tempranas, de acuerdo con los análisis de la arqueóloga  Shirley Beltrán, otra de las participantes en el proyecto.

Los investigadores del INAH señalaron que la población de Panadero aprovechó varias condiciones geográficas y ecológicas de esa zona, como los tipos de suelos y accesos al acuífero subterráneo, para sobrevivir y levantar sus pirámides. Por ejemplo, extrajeron material terroso, pétreo y calizas blandas (sascab,en maya) para la construcción de las viviendas y los edificios monumentales;  y habilitaron los cenotes y pozos como fuentes permanentes de agua para sus actividades cotidianas.

 El descubrimiento e investigación de Panadero contribuye a develar el pasado maya prehispánico de la región suroeste de Umán, territorio que actualmente está sujeta a cambios constantes del uso de suelo para fines industriales y de vivienda, pues de hecho se ubica a 1.2 kilómetros del Centro de Operaciones Ferroviarias que conecta a la zona industrial de Hunucmá, sitio que  también está proyectado para las maniobras de carga y descarga de productos comerciales que transportará el Tren Maya en el futuro.

 Por tal razón, el centro cívico-ceremonial se designó como parte de un área de reserva de investigación, donde los edificios serán conservados para legarlos a la generación presente y a las futuras. Así, se convierte en un recordatorio permanente del pasado maya ante la llegada del desarrollo industrial en ese punto de Yucatán, para que éste no lo destruya.

Cabe destacar que los resultados de investigación del sitio Panadero son consecuencia del trabajo de las y los arqueólogos Lourdes Toscano, Gustavo Novelo, Arturo Victoria, Oscar Gorocica, Fabián Olán, Shirley Beltrán, Rubén Ocampo, Carlos Matos, Héctor Cauich y Patricia Santiago, al igual que de los trabajadores de las comunidades de Poxiláy Abalá. (Publicado también en El Heraldo de México)


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