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Las calificaciones de la joven Angie Hernández bajaron porque no contaba con las herramientas tecnológicas ni internet en casa para seguir el ritmo de sus estudios de Enfermería durante la contingencia.

Por Claudia Arriaga

Mérida, Yucatán, 6 de agosto del 2020.-El sueño de la joven Angie Edith Hernández Pérez de obtener una beca escolar por su buen promedio se vio interrumpido por la pandemia del Covid-19. Sus calificaciones bajaron porque no cuenta con las herramientas tecnológicas ni internet en casa para seguir el ritmo de sus estudios de Enfermería en el plantel Conalep III.

“Suelo tener buena calificación y con esto que pasa se me complica. Este semestre salí muy baja porque no tengo computadora. Todo lo hacía en el celular pero no entraba bien la señal y al descargar tantas aplicaciones se cuatrapeaba y borraban los documentos de mis tareas”, relató la alumna para Haz Ruido.

El dinero de la beca de la Fundación Autosur a la que se registró, lo usaría para comprar una computadora portátil, pero ahora lo ve como una meta lejana. Para ella conectarse a las clases fue casi imposible y por esos su promedió bajó. “Te daban un horario y si no te conectabas a tiempo, te ponían falta”, lamentó. 

Angie vive en una zona irregular ubicada en San Luis Dzununcán al sur de Mérida, donde no hay cibercafés cerca y mucho menos buena señal de internet. Entre su mamá, papá y hermano colaboran para que pueda seguir estudiando, pero con esta pandemia no ha sido fácil.

“Es complicado porque a veces no sale para el pasaje y ni modo, me quedo en casa. Pero como no soy de faltar, los maestros me preguntan que pasó y conocen mi situación, me ayudan, me dicen las tareas o me dan chance de entregarles después. Pero ahora con la pandemia es más díficil”, contó la joven.

La familia de Angie tiene una pequeña tienda en donde ofrecen algunos productos a sus vecinos y también venden pollos que crían. Su papá es chofer, pero su trabajo está en riesgo, ya que no labora todos los días por la contingencia y han habido recortes en la empresa.

Su hermano mayor trabaja en una cadena de tiendas comerciales de 24 horas y todos los días le recargaba el teléfono con internet para que pueda hacer su tarea y pueda tomar sus clases. Desafortunadamente, ahora por la contingencia solo le pagan la mitad de su salario. 

Angie prefiere que usen el dinero para comer y no para recargar su celular, aunque lo necesite. “El plan de mi celular es elevado, son 100 pesos por día, y pues con eso comemos, entonces preferiría no hacerlo” abundó.

La joven también es madre, por lo que aparte de estudiar se ocupa de la educación de su hijo en casa. A sus 17 años tiene muy claro que quiere salir adelante y ayudar a su familia, quienes nunca la han dejado sola. 

“Tengo un bebé que cumplirá tres años en noviembre y mi mamá y papá me siguen ayudando, por eso no quiero defraudar más su confianza, porque a pesar de que como dirían “salí con mi domingo siete”, ellos me siguen respaldando para superarme”, explicó Angie.

Pero no todo es malo, ella ha contado con el apoyo de algunos de sus docentes para que no pierda las clases y continúe su aprendizaje. “Unos maestros me dejaban hacer mi tarea a mano y enviarles la foto, así que casi toda la hice así. Si las hacía en el teléfono pierdo tiempo y se borra. Otros maestros me la contaban con el mismo valor que si fuera en computadora y otros la mitad”, comentó.

En el semestre pasado tenía 90 de promedio para solicitar la beca, por eso se postuló, así que desconoce porque no quedó seleccionada. 

*La entrevista a Angie se realizó con permiso de su mamá y papá. La joven ha iniciado una colecta para comprar una computadora. Si deseas colaborar puedes contactarla directamente al celular 9991 26 0228.


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