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Empezó como una tienda miscelánea en donde acababa la ciudad, fue de las primeras cantinas a cargo de una mujer y una vez hubo un disparo accidental que hizo brincar a los parroquianos.

Por Herbeth Escalante

Mérida, Yucatán, 25 de julio de 2019.- Inició como una tienda miscelánea en donde los vecinos de las primeras colonias de Mérida se abastecían, también fue una referencia del límite de la ciudad, un hito de los policías y una de las primeras cantinas al mando de una mujer. El Estado Seco tiene su propia historia y ahí, entre cervezas bien frías, se siguen escribiendo nuevas.

Dicha taberna está estrenando administración y uno de sus nuevos socios, Daniel Rodrigo Hernández Coello, de profesión historiador, declaró que a través de la tradición oral han podido adentrarse a sus origines, que sin duda le dan identidad.

Rodrigo Hernández y el mural de Hartazgo en el Estado Seco (foto de Lorenzo Hernández).

“El Estado Seco no siempre fue una cantina. De acuerdo con los relatos de vecinos del barrio de Santa Ana, este establecimiento se ubicaba en los límites del norte y el poniente de la ciudad, aquí en la calle 66 por 47 terminaba Mérida, por lo que servía como una miscelánea en donde la gente se abastecía cuando se trasladaba a las nuevas colonias”, señaló.

Estamos hablando de entre 1800 y 1850, en los tiempos en los que en un comercio de telas también se podía vender alcohol, no había las mismas restricciones que en la actualidad.

“Las personas que vivían en San Cosme, la actual García Ginerés, o en Itzimná, posiblemente venían a aquí a comprar, ésta era su salida porque no existía Paseo de Montejo… se abastecían en este sitio en el que se anunciaba ‘acá empieza el estado seco’, no había nada más”, explicó.

El Estado Seco tiene nueva administración (foto de Lorenzo Hernández).

Hernández Coello rastreó diversos documentos históricos y encontró que el Estado Seco empezó a operar como cantina hasta 1932, a inicios del siglo XX. Es decir, la gente ya se quedaba a beber, a escuchar música de trovadores y a comer.

Se convirtió en una cantina tradicional de Santa Ana, varias generaciones la popularizaron y cuando los jóvenes de ese barrio alcanzaban la edad para beber, no dudaban en entrar ahí.

Durante muchos años fue una taberna exclusiva para hombres, pero a finales de los 90, doña Jaqueline Jiménez, la tía Jacky, la compró y le cambió el giro, para que todo mundo pueda disfrutar de las cervezas bien frías sin discriminación.

“El hecho de que una mujer controlara la cantina le dio la apertura para que más mujeres entraran y se sintieran seguras, la Tía Jacky siempre cuidó eso, que todas puedan divertirse tranquilamente y nosotros seguimos manteniendo eso”, indicó.

Clientes de la cantina.

Para la década de los 80, el Estado Seco se volvió el hito de los policías. Al terminar su turno, los uniformados acudían a este sitio para beber y desestresarse. Claro, había reglas establecidas, nadie podía estar armado.

“Ponían sus mochilas con las armas en un rincón para evitar inconvenientes, pero una vez un policía nuevo, que no conocía esas normas, estaba bebiendo con su bolsa en la mesa y en un movimiento en falso la golpeó y se accionó la pistola. Todo pegaron el brinco, se asustaron y bueno, esa historia del balazo es una de las más famosas en el Estado Seco”, relató.

Rodrigo y sus socios eran clientes frecuentes desde la universidad (foto de Lorenzo Hernández).

La cantina también se convirtió en un punto de referencia para estudiantes universitarios que al salir de clases acuden a mitigar el calor. Y es que está rodeado de varias escuelas privadas y durante mucho tiempo fue de las consentidas entre el alumnado de la Facultad de Antropología.

El propio Daniel Hernández y otro de sus socios, Loren Plácido, eran clientes frecuentes en su época de universitarios y, desde entonces, ya tenían la espinita de tener una cantina en el futuro. Por eso no dudaron en proponerle a sus amigos Francisco Solís, Jorge Castillo y Augusto Basto comprar este tradicional establecimiento.

“Y bueno, se dieron las cosas, la tía Jacky decidió vender el Estado Seco y vimos la oportunidad. Cualquiera que disfruta el ambiente de cantina le ha pasado por la cabeza algún día tener una”, confesó al recordar que existe buena relación con la exdueña gracias a sus proyectos alternos de promoción MID Guía y Tour Cantinero.

Personal de la cantina.

Para los nuevos administradores, el Estado Seco es un espacio en el que se entrelazan las historias, ahí conocieron a muchos de sus amigos y  vivieron momentos de convivencia que recuerdan con alegría. Eso también le da identidad, por eso está tan arraigada en la sociedad yucateca.

“Convivir entre varios es mucho mejor, aunque vengas solo siempre te encontrarás con alguien con quien platicar y pasarla bien. Esa es la dinámica, disfrutar de una buena botana, tomar cerveza fría y que el servicio sea de calidad”, finalizó.


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