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Dichos y hechos: El meme que posteó en redes sociales no violenta los derechos humanos de nadie, no estigmatiza a ninguna minoría o grupo vulnerable.

Es una lástima que su proyecto de trabajo se pierda porque las autoridades decidieron escuchar voces virulentas y abiertamente misóginas.

Por Redacción

Mérida, Yucatán, 4 de octubre de 2019.-Lamentable resulta la salida de Regina Carrillo R. Valenzuela de la coordinación del Centro Cultural de la Niñez Yucateca (Cecuny) quien, a causa de una publicación en redes sociales, fue dada de baja de ese puesto. La Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta), la administración estatal, pero sobre todo las niñas y niños que reciben clases en el sitio, se quedaron sin una profesional comprometida con su labor.

Pero no, los comentarios de Regina no fueron hechos en el mismo sentido que los que vertieron otros funcionarios del gobierno estatal que también fueron cesados o sancionados. Ella no deseó que Yalitza Aparicio fuera abortada, no incitó a esterilizar a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo, no alentó al feminicidio, no felicitó a las niñas menores de 15 años que han sido obligadas a la maternidad.

Regina no incitó al odio, no publicó mensajes que fomentan la violencia, no se le puede comparar con las terribles publicaciones de servidores públicos que incluso han sido motivo de críticas fuertes en la prensa nacional.  

Ella, que cuenta con una larga trayectoria en el activismo local, entiende la importancia de hacer frente a los discursos de odio. El meme que Carrillo R. Valenzuela posteó no violenta los derechos humanos de nadie, no estigmatiza a ninguna minoría o grupo vulnerable, es más, hasta podría ser utilizado para educar a quienes, al estilo del Ku Klux Klan, se manifiestan para perseguir a otras personas.

Lamentablemente pesó más el linchamiento de usuarios en redes sociales que simpatizan con los grupos conservadores y antiderechos, que fue alimentado por notas de periodistas desgastados y anacrónicos que no saben redactar con objetividad, que creen que la calumnia debe ser la base de su profesión. 

Es una lástima que la administración del Estado de Yucatán no tenga criterio para distinguir una cosa de la otra; que, aun contando con una muy cacareada Secretaría de las Mujeres, cuya tarea es transversalizar la perspectiva de género en todas las áreas del aparato gubernamental, no haya habido una sola voz que se opusiera a la decisión de cesar a Regina. 

No cabe duda que quienes pierden son las niñas y los niños del Cecuny. La llegada de Regina significó una bocanada de aire fresco a ese lugar pues, con 25 años de vida, ya se sentía algo desgastado.

Las mamás y papás que llevan a sus hijas e hijos nos comentan que era común encontrarla en los pasillos y jardines del excuartel de dragones, conociendo y conviviendo con el alumnado, actividad que no era común en su antecesora del gobierno priista.

Con ella, llegaron nuevas maestras y maestros a ese espacio, y también clases innovadoras. Al inicio del curso 2019-2020, se dio a conocer la apertura del taller Koonex Baax, en el que se rescatan y promueven los juegos tradicionales de Yucatán, y el de Lengua de Señas Mexicanas (LSM), en un esfuerzo por tender puentes de inclusión.

Pero lo más significativo de su corto paso por el Cecuny ha sido el cambio que hizo en su nombre. Precisamente, durante la celebración del cuarto de siglo de esa instancia, se anunció que el Centro dejaría de ser sólo para niños, pues desde enero de 2019 lleva el nombre de Centro Cultural de la Niñez Yucateca, incluyendo así a las menores que se forman en sus aulas.

Regina entendía la importancia de nombrar a todas las personas por igual y es una lástima que su proyecto de trabajo se pierda porque las autoridades decidieron escuchar voces virulentas y abiertamente misóginas, mientras desoye el legítimo llamado de quienes luchan porque se garanticen sus derechos más fundamentales.

Dichos y hechos  es una columna de opinión elaborada con aportaciones de periodistas y colaboradores de Haz Ruido. 


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