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Nosotros no podemos abanderar el #NiUnaMás pero sí el #NiUnoMás: ni uno más que acose, ni uno más que agreda, ni uno más que viole, ni uno más que se sienta libre de hacer comentarios machistas, ni uno más que denigre el feminismo porque no le conviene.

Por Luis Ángel Fuente*

Mérida, Yucatán, 14 de septiembre de 2020.-Hasta septiembre de este año, en Yucatán han asesinado a ocho mujeres, de los cuales, seis casos fueron investigados por las autoridades bajo el protocolo de feminicidio. La situación de violencia es tal, que algunas voces de activistas ya consideran solicitar de nuevo la Alerta de Género para la entidad.

Hablar de feminicidio es difícil porque se trata del nivel de violencia más alto que se puede ejercer contra las mujeres, y a su vez trastoca la vida de sus amistades, familiares y el ánimo social en general. 

Un claro ejemplo de esto fue el crimen cometido contra Fernanda, la joven asesinada a balazos por su exnovio, Enrique, quien posteriormente se suicidó. El caso llamóla atención, entre otras cosas, por las edades de la víctima y el victimario, asícomo la zona donde ocurrióy la cobertura carroñera de los medios de comunicación sin una pizca de ética o perspectiva de género. 

Es increíble que pese a lo atroz del asesinato, hubo gente que salióen defensa de Enrique con argumentos como “no sabemos quées lo que él estaba pasando”,“a lo mejor la muchacha lo trataba mal”, “seguro le fue infiel”, entre otros comentarios revictimizadores. La mayoría de estos provinieron de hombres que dejaron salir a la luz su poca empatía con la víctima, su nulo entendimiento de la problemática de violencia de género y su capacidad para justificar a un asesino.

Y lo verdaderamente preocupante radica en que estas ganas de defender lo indefendible nos lanza a los hombres una pregunta brutal: ¿cuántos Enriques hay entre nosotros?. Se suele concebir a los asesinos como gente “enferma”, que están ocultos en un rincón eligiendo a su presa, pero si vemos al ejército que salióa hacer apología a un feminicidio o que “bromean”con matar mujeres por realizar pintas a monumentos, nos damos cuenta que cualquiera podría cometer un crimen de este tipo. 

Hay que tenerlo claro, como hombres hemos sido educados para relacionarnos desde el poder y la fuerza. Todos somos machistas y formamos parte de la cadena de violencia que va desde miradas o  mensajes  incómodos, tocamientos, besos “robados”, hasta el acoso, golpes, violaciones y asesinatos. 

Nadie estáexento pues todos nos beneficiamos de este sistema que propicia las condiciones necesarias para que las mujeres sean asesinadas todos los días. Cada que hay un feminicidio ocurre una suerte de terrorismo de género que reivindica nuestro rol “dominante”y provoca que las mujeres no se sientan seguras prácticamente en ningún lugar, mientras que nosotros salimos libremente a la calle, al trabajo, al cine y podemos hacer nuestra vida sin que tengamos miedo de ser asesinados por el simple hecho de ser hombres.

El problema es el mismo de siempre: si seguimos acatando el pacto patriarcal que nos permite solaparnos entre nosotros, no nos vamos a organizar para detectar y atender nuestras violencias, y por lo tanto, las vamos a seguir matando, ya sea directamente o en complicidad al no confrontar al machismo.   

Por mucho tiempo, los hombres no hemos sido capaces de afrontar la responsabilidad que nos toca frente a la violencia de género, no hacemos esfuerzos colectivos para evitar que ésta siga presente en nuestras vidas, no nos ocupamos por desarrollar un manejo de emociones que vaya más alláde pegarle a la pared cuando estamos molestos, no hemos hallado otras formas de relacionarnos que no sean a partir del sometimiento del otro, para acabar pronto: no estamos haciendo la parte que nos corresponde. Y nadie más lo puede hacer por nosotros. 

Hay temor de algunos que creen que el feminismo nos ve como el enemigo que es culpable de todos los males del mundo y que nos quiere exterminar. Y no. Esto es resultado de la desinformación e ignorancia hacia el movimiento promovida por medios de comunicación amarillistas y grupos conservadores. 

Lo que realmente se busca es que todos y todas tengamos acceso a una vida libre de  cualquier tipo de violencia. Pero para entender esto hay que leer tantito, acercarnos a contenidos fidedignos sobre género, con dudas genuinas sobre lo que nos toca, no para rebatir si una astronauta representa más al movimiento que otra mujer. 

Si bien en este espacio hemos dicho que los hombres no tenemos cabida en el feminismo, eso no quita que podamos tener consciencia de género, lo que irremediablemente nos lleva a hacer un acto de introspección, cuestionar nuestra masculinidad y analizar nuestro entorno.   

Nosotros no podemos abanderar el #NiUnaMás pero síel #NiUnoMás, ni uno más que acose, ni uno más que agreda, ni uno más que viole, ni uno más que se sienta libre de hacer comentarios machistas, ni uno más que denigre el feminismo porque no le conviene, ni uno más que cosifique mujeres, ni uno más que role packs por WhatsApp y ni uno más que mate.

Ya va siendo hora de que hagamos esfuerzos colectivos entre varones, comenzar a mirarnos entre nosotros para saber cuáles son nuestras preocupaciones y sobre quéámbitos están, desarrollar redes de apoyo donde se pueda hablar de lo que sentimos, ponernos límites entre nosotros y dejar de encubrir a agresores, violadores y potenciales feminicidas.   

Los feminicidios son horribles, son perpetrados mayoritariamente por hombres comunes que como en el caso de Enrique no cuentan con las herramientas, espacios o ayuda para manejar sus violencias, y por eso somos cómplices por omisión, pero parte de la solución estáen nosotros. Cuestionémonos, confrontémonos, formemos redes para intercambiar experiencias que visibilicen masculinidades basadas en la empatía. El día que nos organicemos, se cae el patriarcado.

*Comunicólogo social. Periodista. Hijo, hermano y amigo.


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